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Llegaron los resultados del SNI

Otra vez estamos a principios de septiembre. A estas alturas seguramente ya están en clases todas las escuelas y la rutina del año académico estará tomando forma. Es justo en esta temporada que ocurre uno de los eventos más esperados por los académicos de México en relación a las políticas públicas nacionales.

Sin embargo, no me refiero al informe presidencial, del que seguramente leeremos algunos análisis pero que será olvidado pronto, en cuanto su reemplazo anuncie a su equipo de transición. Más bien, septiembre es importante para los científicos y humanistas mexicanos porque, además del regreso a las aulas, durante este mes se publican los resultados de las evaluaciones del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (SNI, CONACYT). Este programa de reconocimientos al mérito académico y de estímulos económicos para los científicos y humanistas mexicanos, que fue creado en 1984 “para reconocer las actividades de las personas dedicadas a producir conocimiento científico y tecnológico“, es un ejemplo de política publica por demás anómalo, por lo longevo y, según algunas opiniones, por lo exitoso.

Efectivamente, a lo largo de casi 30 años, este programa ha influido de manera sustancial en la forma en la que se realizan las actividades científicas de México y ha contribuido a profesionalizar al oficio (en tanto que existen estándares). Por ejemplo, el SNI ha sido muy exitoso en aumentar la tasa de publicación de los investigadores, una medida estándar de la productividad académica, pues recordemos que para fines prácticos, la ciencia que no se publica no existe.

Además del prestigio que resulta de la evaluación por colegas muy reconocidos en las distintas áreas del conocimiento, los nombramientos del SNI vienen acompañados de una beca que, según la trayectoria y la situación geográfica, puede llegar a representar hasta la mitad o más de los ingresos de los académicos. Y justo esta es otra de las peculiaridades del SNI, pues permite que los investigadores tengan cierta holgura económica durante cierto número de años. Pero eso sí, al que se duerme en sus laureles se le quita la membresía con todo y beca.

En el año 2010, el SNI contaba con 16,598 miembros. Si comparamos este número con los resultados del Censo de 2010 nos podemos dar cuenta de que menos de un sexto del 1% de los habitantes de este país se dedica profesionalmente a la investigación científica, humanista y tecnológica. Bueno, hasta “La Profesora” podría tener más empleados a su servicio, dependiendo de a quien se le pregunte.

También a lo largo de sus tres décadas de existencia el SNI ha sido severamente criticado. Por ejemplo, la bondad del estímulo económico junto con los terribles sistemas de jubilación de las universidades públicas mexicanas generan el efecto perverso de que los académicos no se retiran, porque hacerlo significaría la reducción del ingreso en más del 60%.

Otra crítica, que es muy afín a las observaciones del Dr. Marcelino Cereijido, es que el SNI ha logrado mejorar la numeralia pero no necesariamente la calidad y la trascendencia de la investigación. Pero resolver eso además de buena políticas públicas requerirá de un cambio cultural en las instituciones educativas mexicanas que deben cambiar de sistemas de gobierno bastante autoritarios a formas más democráticas basadas en los méritos académicos de las personas y de los dichos.

El SNI ha sido tan exitoso en profesionalizar el trabajo académico que su viabilidad podría estar en riesgo, sobre todo si consideramos el nivel de prioridad que tiene la ciencia en las agendas presidenciales. El costo de este programa, que se implementó como medida de emergencia después de la devaluación del perro-peso del 1982, ha aumentado de 9,258 salarios mínimos en 1984 a 108,055 salarios mínimos en 2010. Esto debe poner nervioso a cualquier comité de presupuestos.

Mientras se aclara cual será la política científica para los próximos seis años, nos toca regresar al trabajo cotidiano de hacer investigación. Desde esta columna enviamos felicitaciones a los colegas que fueron recientemente aceptados en el Sistema y esperamos que sus carreras académicas contribuyan a mejorar este país.

Adenda

El título de la entrega de hoy iba a ser “En enero son las inscripciones” porque en ese mes se integran y se mandan a evaluar los expedientes para ingreso y permanencia en el SNI y hasta septiembre se publican los resultados. En ese caso, el soundtrack de hoy hubiera sido cortesía de Mannheim Steamroller.

@erickdlbm

www.ecolibrios.com

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