sábado 10 de mayo de 2008

...así manejo!
(a propósito del 10 de mayo)

Para quienes crecimos en otros lados y eventualmente nos mudamos a Morelia, así como para los turistas ocasionales, una de las particularidades más desconcertantes de esta ciudad es el peligroso comportamiento de sus automovilistas. Al consultar con varios amigos morelianos sobre el tema, la respuesta es de consenso en el sentido de que “no somos nosotros, sino todos esos chilangos que ahora circulan en nuestras calles”. Siendo originario de una tercera ciudad puedo asegurar con toda certeza y objetividad que la situación vial de nuestra ciudad no es el resultado de los inmigrantes de la capital del país. Por alguna razón, aquí, como en ningún otro lugar, se maneja con harta agresión e imprudencia y con un alarmante desdén por la ley y el reglamento de tránsito. Aunque cuando ves patrullas con los focos fundidos o carros que ostentan charolas gubernamentales pero que siguen con sus placas viejas, las expectativas de que los civiles se comporten de acuerdo a la norma disminuyen drásticamente.

Por ejemplo, aquí es muy peligroso iniciar la marcha cuando se pone el siga, porque los automóviles de la vialidad perpendicular se siguen pasando. También, es más peligroso frenar cuando se pone el alto, porque los conductores que vienen detrás de uno tienden a acelerar con el rojo. Todos conocemos a varias personas que han sido golpeadas por atrás como resultado de atender a las señales viales. A veces parece que los collarines ortopédicos son el accesorio moreliano de moda, como antes eran esas pulseritas de los chinos de la suerte o ahora lo son esos brazaletes bordados de las campañas electorales. Yo sí me he llevado varios sustos y mentadas por arrancar con el siga y frenar con el alto y hasta por dejar pasar peatones, quienes según el reglamento de tránsito, tienen la preferencia. Es esa agresividad de los infractores es lo que más desconcierta. Sobre todo porque, en la práctica, el que respeta la ley y maneja con relativa prudencia es el que está en el error.

Uno de los factores que contribuyen al comportamiento agresivo es la testosterona. Sí, la misma hormona sexual masculina responsable del vello facial, la voz de barítono y algunas formas de alopecia. Un ejemplo que ilustra su papel en la conducta es un estudio de investigadores de la Universidad Cambridge que reveló que los corredores de bolsa más efectivos, es decir, los que generan mejores ganancias para sus clientes, son los que tienen niveles más elevados de testosterona. Con su formación financiera basada en “Wallstreet”, “Boiler Room” y “En busca de la Felicidad”, le queda claro a esta columna que se necesita ser bastante agresivo para trabajar en el mundo bursátil, que se antoja más peliagudo que encontrar estacionamiento en el Mercado Independencia el sábado al medio día.

Más aún, esos investigadores de Cambridge también atribuyeron la toma de algunas decisiones impulsivas e irracionales a dichos niveles elevados de testosterona (entre más machos, más se les calienta la cabeza). Pero regresando al tema de la manejada, en un estudio realizado en la Universidad Washington, donde compararon los sentimientos de furia (a lo que en inglés llaman road rage) y la incidencia de accidentes y violaciones documentadas (aquellas que se resolvieron con mocharse pa los chescos no fueron contadas) entre conductores y conductoras. Resultó que, a pesar de que ambos sexos reportaron enojarse al manejar, los hombres fueron más propensos a incurrir en conductas que resultaron en accidentes o multas que las mujeres. Por su parte, resultó que el comportamiento de las mujeres era más sensible al alcohol que el de los hombres, pues su frecuencia de accidentes y multas se elevó más que el de los hombres cuando consumían más alcohol o tomaban con mayor frecuencia.

Pero, ¿por qué tanta violencia? La respuesta parece estar, por lo menos en parte, en nuestros genes. Al parecer, los genes de la violencia están bien conservados en el reino animal (a pesar de lo que piensan los fanáticos del diseño inteligente, como el niño predicador de You Tube, esto nos incluye a los humanos). Es por ello que investigadores de la Universidad de California, Los Angeles, están estudiando la genética de la agresión en moscas de la fruta y en ratones. A través de un estudio publicado en la revista Nature Genetics demostraron que la agresividad en moscas y ratones aumenta con un aumento de la serotonina, ya fuera a través de drogas o de escoger linajes con expresión elevada de dicho neurotransmisor. Por otro lado, resulta que la expresión (o sobre-expresión) de otra molécula, el neuropéptido Y (o el F en el caso de los invertebrados) resulta en la disminución de las conductas violentas.

Pero más que proponer un programa de eugenesia para tener una sociedad pacífica, con sus gravísimas implicaciones bioéticas, creo que debemos aprovechar el potencial que nos brindan las partes más racionales de nuestro cerebro para controlar nuestros instintos violentos. En todo caso vale más la pena contar hasta diez, cederle el paso a los peatones y, mientras nos llega la educación vial, a los colegas conductores.

sábado 3 de mayo de 2008

De sindicatos, charros y puentes

En estas épocas de libre mercado e inauguraciones de nuevos regímenes gubernamentales a veces da la impresión de que los sindicatos sólo son entidades de poder fáctico que compiten de alguna manera con el poder institucional. No siempre queda claro cuál es el beneficio para la mayoría de los agremiados de pertenecer a dichas organizaciones laborales. Dos ejemplos que fomentan nuestra percepción son la huelga del sindicato de la Nicolaíta que por suerte se resolvió justo antes de las vacaciones de Semana Santa o la recientemente conjurada parálisis estatal con que el STASPE recibió al gobernador Godoy. Son situaciones como las mencionadas las que nos pueden hacer preguntarnos para qué sirven los sindicatos (si bien es cierto que a otro nivel, uno podría preguntarse para qué sirven los gobiernos si con la “huelga” del STASPE buena parte de las actividades en la entidad siguieron business as usual, pero eso será tema de otra entrega).

Esta reflexión viene a colación porque anteayer se celebró el Día del Trabajo en por lo menos 34 países. Algo que siempre se me ha hecho paradójico es que, por ser una celebración medio socialista, no se celebra en Estados Unidos a pesar de que el Día del Trabajo se originó, precisamente debido a una matanza de obreros de Chicago en mayo de 1886. Sin embargo, pensando en que el conmemorar dicha matanza iba a fortalecer a los movimientos socialistas de la época, el entonces presidente Grover Cleveland decidió luego luego oficializar en 1887 que el Labor Day fuera celebrado el primer lunes de septiembre hasta que en 1894 el Congreso designó la fecha a nivel federal. Dicha celebración se remonta a 1882 cuando la organización Caballeros del Trabajo organizó una marcha con la consigna de reclamar un día para la clase trabajadora. Dicha organización laboral fue fundada en 1869 por unos sastres de Filadelfia buscando el final de la explotación de menores y reclusos, igualdad de paga para las mujeres y la participación de los empleados en la propiedad de las minas y fábricas (algo así como cooperativas). Con el tiempo los Caballeros hicieron bien la labor y se fueron actuando cada vez más como un sindicato.

En general, los sindicatos se originaron durante la Revolución Industrial. Algunos antecedentes son la derogación en 1824 de leyes inglesas que prohibían la formación de organizaciones obreras. Esto permitió que Robert Owen formara las primeras cooperativas en 1829. En el mismo año, John Dohertí fundó una organización de trabajadores de la industria textil y la primera central obrera que agrupaba a 150 sindicatos de diversos gremios, con más de 100,000 miembros. En Francia, los primeros sindicatos se formaron en 1830 por mujeres que trabajaban en la industria textil. Durante un par de décadas existió una crisis económica que favoreció la organización de grupos de trabajadores en toda Europa, hasta que en 1848 con la influencia de Marx y Engels el movimiento obrero adquiere tintes políticos además de los laborales.

En nuestro país es imposible hablar de la historia del movimiento obrero/sindical sin hacer referencia a un muchacho mexiquense que, nacido en 1900, fundó su primer sindicato a los 23 años el cual adhirió a la Confederación Regional Obrera Mexicana. Dicha central obrera, fundada en 1918 fue la primera agrupación de sindicatos nacionales. Más tarde, cuando en 1929 se fundo el entonces Partido Nacional Revolucionario, el primordio de la Confederación de Trabajadores de México ya se perfilaba como integrante distinguido de las futuras huestes priístas. El primer secretario general de la CTM fue Vicente Lombardo Toledano, quien tras cumplir un periodo de 5 años dejó en el cargo a Don Fidel Velázquez (es inevitable utilizar el Don, lo cual nos remonta a otros personajes célebres de la historia de Chicago, si bien no necesariamente a los mártires de 1886), quien, a su vez, solamente fue secretario general de la CTM en dos periodos no consecutivos: de 1941 a 1947 y de 1950 a 1997, cuando tuvo que dejar el cargo tras su muerte en junio de ese año. Durante el periodo de esplendor del PRI, la CTM se convirtió en un agente de poder fáctico muy importante en nuestro país y probablemente en la confederación de sindicatos más poderosa de Latinoamérica. Don Fidel fue sucedido por “La Güera” Rodriguez Alacaine, quien solo duró 8 años como secretario general de la CTM, quien dejó el cargo en 2005 por las mismas razones que su antecesor.

Además de que ya nos queremos ir, para aprovechar lo que queda del puente, no queda espacio suficiente para hablar de los charros. Aunque sí para resaltar la coincidencia notable de que el año pasado, durante la década del deceso de Don Fidel, se celebró en Guadalajara el Primer Congreso y Campeonato Internacional Charro “Vicente Fernández Gómez”. Así, mientras en Guadalajara se desplegaba lo mejorcito del deporte nacional oficial, los dirigentes sindicales nos amenazaban con que buscan emular a Fidel Velazquez: “A más reelecciones, es más democrático el líder, porque eso demuestra que la base trabajadora más lo quiere”.

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