domingo 8 de junio de 2008

Del origen de la agricultura y el desarrollo del planeta

Uno de los principales retos que enfrenta la humanidad es la producción sostenida y suficiente de alimentos de cara a su impresionante expansión poblacional, pues se espera que la población casi se duplique en los próximos años alcanzando los 11 millardos en 2050. Aproximadamente 80 por ciento del alimento consumido lo constituyen cereales y más de la mitad de la población basa su dieta en tres especies, el arroz, el trigo y el maíz. Esto es notable si consideramos que a pesar de existir unas 30 mil especies de plantas vasculares, de las cuales 9 mil son gramíneas, la dieta humana dependa de un número tan reducido de éstas.

Por otro lado, es cierto que las culturas que, como la mexicana, se han desarrollado en sitios de gran biodiversidad, efectivamente consumen un mayor número de especies. Por poner un ejemplo, en nuestro país, donde existe una gran cantidad de cactáceas, se consumen los frutos de una gran variedad de éstas, como el caso de las pitayas, garambullos, chendes, chichipes y, obviamente, las tunas. Por cierto, resulta que el cultivo del nopal es bastante popular en unos 40 países del mundo y ocupa más de un millón de hectáreas. La mayor parte de esa superficie está dedicada al cultivo de forraje para ganado, sobre todo en Brasil, donde tienen sembradas como 400 mil hectáreas. Apenas alrededor de 100 mil hectáreas se utiliza para el cultivo de tunas, básicamente en México y en las islas mediterráneas de Italia, aunque también se cultiva en California para atender a los mercados mexicano e italiano de Estados Unidos. Algo que siempre se me ha hecho notable es que los mexicanos somos los únicos que comemos nopalitos, lo cual explica el que solamente en nuestro país se cultive el nopal-verdura.

Esta disparidad entre el número de especies disponibles y el número de especies utilizadas tiene que ver tanto con particularidades genéticas de las plantas y el ambiente predominante de los sitios donde crecen, como con la intensidad de manejo que han ejercido los humanos a lo largo de la historia. A este manejo y selección artificial que se ha ejercido sobre los diversos organismos útiles se le conoce como domesticación, que en sus orígenes tiene que ver con la invención de la agricultura.

Recordemos –es un decir, porque ni los líderes de la CTM tienen memoria directa de esto– que los grupos humanos antiguos basaban su alimentación en la casa de animales y la recolección de plantas o de sus partes. Ellos tenían un comportamiento nómada y tanto el rumbo como la estacionalidad de sus migraciones dependían de la disponibilidad de alimento de un lugar a otro. Imagínense los lectores estos documentales de los canales de la naturaleza por cable donde siguen a grandes rumiantes y ciervos por la sabana africana siguiendo las lluvias y el crecimiento de los pastos de los que se alimentan. Ahora, añadan a un grupo de homínidos siguiendo a estas enormes manadas.

Todo seguiría así hasta nuestros días si no fuéramos una especie tan inteligente. Y es que nuestros ancestros fueron aprendiendo cosas sobre las plantas y los animales que seguían para comer hasta que hace unos 10 mil años aprovecharon sus descubrimientos de que al enterrar ciertas partes de las plantas que les gustaba comer, crecían nuevas. También aprendieron a criar algunos animales de interés. A todos nos enseñaron que la agricultura se inventó en Mesopotamia. Efectivamente, los vestigios más antiguos del origen de la agricultura fueron hallados en el Medio Oriente. Sin embargo, a algunos lectores les sorprenderá saber que se han encontrado vestigios de domesticación temprana en otros nueve lugares en el mundo. Entre ellos se encuentran unas cuevas en la frontera de Puebla con Oaxaca, donde se encontraron indicios de domesticación de frijol, calabaza y maíz.

Algo que me llama la atención es que la mayoría de estos sitios donde se inventó la agricultura, si bien tienen alta biodiversidad, son sitios donde el desarrollo económico deja bastante qué desear. Aquí podríamos preguntarnos por qué los lugares donde se inventó la agricultura (es decir, donde se desarrolló la tecnología alimentaria que permitió volverse sedentarios) no se han convertido en potencias.

La respuesta tiene dos partes. La primera es biológica, o más bien ecológica y evolutiva. Así como desde Africa, donde se acepta que se originó el homo sapiens, surgen a cada rato enfermedades fulminantes para los humanos. Debido a que el proceso de domesticación (y de evolución de especies en general) es bastante lento, las plagas, enfermedades y depredadores de una especie en particular generalmente evolucionan de manera simultánea con éstas. Así que una planta originaria de México será más vulnerable en nuestro país que en otros lados donde no se encuentren sus enemigos naturales (algo similar pasa con las llamadas especies invasoras, cuyo éxito a veces es el reflejo de la falta de enemigos naturales en los lugares donde se establecen).

La segunda respuesta la proporciona Jared Diamond, profesor de la Universidad de California, Los Angeles, quien en su libro Guns, germs, and steel propone que el dominio cultural y militar que han tenido las culturas europeas y, recientemente, estadunidense se debe más que nada a la geografía. Básicamente, como esos continentes tienen gran extensión territorial de este a oeste, el clima es bastante estable en cualquier parte, lo cual permitió que los pobladores se extendieran hacia otros territorios sin tener que domesticar nuevas especies. En cambio, para desplazarse latitudinalmente (recordemos que hace más frío conforme nos alejamos del ecuador), como en Africa o en Latinoamérica, los cambios de temperatura frenarían la rápida invasión de territorios y forzarían a la domesticación de nuevas especies. Por eso, dice Diamond, los europeos fueron muy hábiles para adoptar tecnologías (la agricultura de Africa y diversas artes de guerra del Lejano Oriente) hasta que les cayó la Edad Media.

Y bien, este recuento histórico del maíz y el desarrollo de la humanidad solamente era el preámbulo para el tema que quería discutir que tiene que ver con el encarecimiento de esos tres cereales básicos –sobre todo el maíz– a raíz de la presión que ejerce la industria de los biocombustibles. Pero eso lo discutiremos en otra ocasión, porque ya se me antojaron unos tacos de flor de calabaza en tortillas hechas a mano.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

MUY BUEN ARTICULO, ADECUADO PARA UNA REFLEXION AGRICOLA, ALIMENTARIA Y HAMBIENTAL.